A sus 14 años, Deylanie Kenisha Hebbert Pereira ya sabe lo que es caer, levantarse y volver más fuerte. La taekwondista costarricense inició su camino en el 2019, cuando apenas tenía 7 años, y desde entonces su historia ha sido una mezcla de disciplina, sacrificio y carácter.
Su primera gran vitrina llegó en los Juegos Deportivos Nacionales 2024 en Guanacaste, donde logró subir al podio con una medalla de plata. Pero ese mismo año la vida le puso una prueba inesperada: una fractura de muñeca que la mantuvo fuera de competencia durante casi siete meses.
Fueron días difíciles. De incertidumbre. De lágrimas.
Sin embargo, lejos de rendirse, Deylanie convirtió la adversidad en impulso. Con paciencia, terapia y una mentalidad firme, regresó a los entrenamientos decidida a escribir una nueva historia. Y lo logró: clasificó a los Juegos Deportivos Nacionales Limón 2026.
Prepararse para el oro
La joven sabía que competir en Limón implicaba un reto extra: el clima. Por eso, parte de su preparación incluyó correr todos los días con tres suéteres para adaptar su cuerpo al calor y la humedad caribeña.
Sus jornadas eran exigentes: entrenamientos de 4:00 p.m. a 8:00 p.m., incluso en diciembre, cuando muchos descansan. Mientras otros celebraban, ella afinaba patadas, resistencia y estrategia. Tenía claro su objetivo.
Y el esfuerzo rindió frutos.
El martes 13 de enero del 2026 inició su camino en el tatami. Ganó los primeros dos rounds en su combate inicial, avanzando sin necesidad de un tercero. En semifinales repitió la historia ante una rival exigente: dos rounds bastaron para asegurar su pase a la final.
En el combate decisivo, representando a San José en la categoría de -37 kg, Deylanie mostró carácter, concentración y hambre de triunfo. Esta vez no hubo plata.
Hubo oro.
Un sueño olímpico
Con lágrimas en los ojos y la medalla colgando del cuello, dedicó su victoria a sus dos abuelas y a su padre, quien la sostuvo en los momentos en que pensó en rendirse.
“Quiero llegar a los Juegos Olímpicos, esa es la meta. Pero todo es un proceso, y yo lo voy a seguir”, afirmó la campeona nacional.
A los 14 años, Deylanie Hebbert ya entendió algo que muchos tardan toda una vida en aprender: que detrás de cada oro, primero hubo lágrimas.
